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A 72 años del accidente que le costará la vida el recuerdo de Daniel Urrutia, mercedino y ladero de Juan Manuel Fangio

Por: Iván Alday
El accidente se produjo en Huanchaco, Perú. Urrutia acompañaba a Fangio en La Buenos Aires, Caracas. Fue el 29 de octubre de 1948.
Si bien Daniel Urrutia no era mecánico, tenía un gran conocimiento sobre el tema. Apasionado por los autos, su debut como acompañante de Fangio tuvo lugar en 1947, y con éxito. Fue en la Doble Vuelta Sierra de la Ventana 1947. Otra de las victorias de ambos, siempre con Chevrolet coupé, tendría lugar en la Vuelta de Entre Ríos 1948, en la que triunfaron en sus dos etapas (de 641 y 862 Km). Fangio/Urrutia ganaron a un promedio de 120,4 Km/h, pero nunca aliviaron el ritmo. Cuando la victoria era segura, recorrieron el último tramo Bovril/Paraná a la elevada media de 142,86 Km/h.
Ese mismo año, habían ganado el Gran Premio Ciudad de Pringles, que también figura como Vuelta de Coronel Pringles o Doble Vuelta de Pringles, puesto que se corrió los días 28 y 29 de Febrero con un recorrido diferente en cada jornada.
Mostraba Urrutia tanta afición que Juan-Manuel tuvo que prestarle su monoplaza de Mecánica Nacional para que corriera una prueba en Esperanza, en la que Daniel terminó 4º. Realizó numerosas carreras de pistas.
Ambos aspiraban ganar el gran premio de América del Sur, el más importante del continente, que lo recorría de punta a punta desde Buenos Aires hasta Caracas, 9.575 kilómetros en 14 etapas, que se realizó el 20 de octubre de 1948.

Accidente y tragedia

Accidente Daniel Urrutia La carrera ofreció un duelo espectacular entre Fangio/Urrutia y Óscar Gálvez/Herrero. Estos primeros habían logrado ganar la 5ª etapa La Paz/Arequipa del Gran Premio Internacional del Norte de 1948. En la etapa Arequipa/Lima, sufren la pérdida de una rueda de su Chevrolet lo cual lo retrasa tanto que se clasifica 13º y, prácticamente, sus pilotos no tienen tiempo de dormir esa noche antes de reparar el auto y tomar la salida para la siguiente etapa, Lima/Tumbes. Parten en el puesto 23º, al que han caído en la clasificación general, pero 150 kilómetros después Fangio ha adelantado a todo el mundo; sólo Óscar Gálvez puede seguirle durante un trecho.
Después de haber estado trabajando toda la noche, Fangio no se encontraba en óptimas condiciones físicas al comienzo de la etapa Lima/Tumbes. Estaban cansados debido a que tras un inminente golpe militar en Arequipa se había adelantado el horario de salida de la séptima etapa.
El reflejo de las luces de Gálvez en el retrovisor de Fangio perturba su visión, que ya había quedado forzada por la niebla, exigiendo al piloto un esfuerzo de concentración suplementario para correr a ciegas y sobreponerse a la fatiga. Al cruzar el pueblo de Huanchaco, unos 50 Km después de la ciudad de Trujillo, experimenta un nuevo deslumbramiento por la reflexión de sus propias luces sobre las paredes encaladas de los edificios; así que, a la salida de la población «El Chueco» ve todo negro, se agarra fuertemente al volante y sufre uno de los escasos accidentes de su carrera: no aprecia bien una curva a izquierdas, se sale de la carretera por la derecha a unos 140 Km/h, cae dando tumbos por el talud. Se abrieron las puertas y Daniel salió despedido fuera del coche al arrancársele la portezuela, Fangio se salvó de milagro porque su pie quedó aprisionado entre los pedales, quedó dentro de la cabina, provista de una primitiva jaula antivuelco. Óscar Gálvez, 100 m por detrás, habiéndose advertido el accidente pero se sale sobre la cuneta opuesta, volcando a su vez. Luego Gálvez ayudaría a salir a Fangio del coche y luego de cerciorarse de que no sufre lesiones importantes, seguirá la prueba tras reparar una rueda reventada.
Pasan otros corredores (Marimón, Juan Gálvez, Bojanich) que no paran porque no ven a los accidentados o porque los creen ya atendidos. Eusebio Marcilla, en cambio, se detiene y será él quien conduzca a los heridos al hospital de Chicama, bautizado como «El caballero del camino» por su nobleza llegó a Caracas en segundo lugar a doce minutos del ganador, Toscanito Marimón.Y Manuel Montes (otro piloto de Chevrolet) también se detendrá y desistirá de seguir la prueba por acompañar a su amigo Fangio. Era la madrugada del viernes 29 de octubre.
A Juan Manuel, que está herido en el rostro y las piernas, se le cura y hospitaliza, siendo velado por Montes, mientras a Daniel Urrutia se le intenta reducir la fractura de cráneo. El día siguiente, Fangio se ocupa de su coche, se entera de que la carrera va encabezada por los hermanos Gálvez (aunque la ganará Domingo Marimón con su Chevrolet coupé, puesto que los Gálvez sufrirán diversos problemas a la puertas de Caracas) y, desgraciadamente, de que Daniel Urrutia ha muerto.
La desaparición de su amigo marcó mucho el ánimo de Juan-Manuel Fangio. A partir de entonces evitaría correr con alguien más en el auto. Incluso llegó a participar en La Mille Miglia 1956 en solitario, sin el casi imprescindible copiloto-navegante.

Se supo que Fangio previo a este viaje le supo decir a su acompañante

«No corras vos tenés una linda familia. No te conviene correr, vos tenés que proteger lo tuyo, deja todo esto», Urrutia insistió y fue su gran acompañante en esa carrera. Las últimas palabras que le dijo Urrutia a Fangio fue:
«Ya está por amanecer pronto».
Sus restos descansan en el cementerio de la ciudad de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires.

SURCANDO LAS NUBES… DANIEL URRUTIA

Hoy, los mercedinos de ley y los amantes fierreros recuerdan con emoción a una de sus máximas figuras, Daniel Urrutia, a raíz de su partida, en el accidente de la Buenos Aires-Caracas de 1948.
Con 35 años, una hermosa familia y un bebé por llegar, los consejos eran de no arriesgarse, de quedarse junto a ellos. El mismísimo piloto, Don Juan Manuel Fangio, se lo sugería, él tenía mucho por perder en una carrera fascinante, única en el mundo, pero riesgosa.
Pero Daniel, era un perseguidor de sueños. Anhelaba esa gloria desde hace mucho tiempo y era de los que están en la vida para intentar atraparla. Esa aventura, tomaba forma, un año antes, -día por día-, con la primera carrera y victoria, como copiloto del más grande corredor de la historia.
Pero el precio por alcanzar los sueños suele ser alto. Y el compromiso también. Desvelos, infortunio, aconteceres que son enormes para nuestra pequeñez humana, llevaron a estos dos titanes a chocar con un destino adverso.
En ese macizo colosal, en esa cordillera que liberó un continente, en esa majestuosidad de silencios, quedó nuestro amigo común y buena persona. Pertenece desde entonces, a la cohorte de hombres que enaltece la amistad y el deporte argentinos, en lo más alto, desde el cielo de los cóndores, vuela para siempre,
Estimado Daniel.
caricias de nuestro escritor Mercedino Oscar Dinova
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