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Básquet: dos Lujanenses saltaron a Boca Juniors

Más allá de ser amigos, Matías Randazzo y Fernando Silva comparten una misma pasión: el amor por el básquet. Este sentimiento los llevó a probar suerte en Boca Juniors y tras superar varias etapas de pruebas quedaron seleccionados. Pero la pandemia le puso un freno a sus ilusiones.

Por: Iván Alday.

En la vida las ilusiones y las ambiciones muchas veces van de la mano. Sin sacrificio no hay resultados asegurados y es por eso que hay que pasar distintas etapas para obtener cosas. En el deporte se da exactamente lo mismo y casi siempre el esfuerzo se ve recompensado. Matías Randazzo y Fernando Silva, dos cadetes del equipo de básquet de Universidad de Luján, quien dirige Matías Nardoni, probaron suerte en un campus de preselección organizado por el Club Atlético Boca Juniors. Tras superar varias etapas quedaron seleccionados para defender los colores Xeneixes. Sin embargo, cuando tenían todo organizado en su vida con mudanza a Capital y nuevo establecimiento educativo para estar cerca del lugar de entrenamiento, la llegada del coronavirus terminó por jugarles una mala pasada. Barajar y dar de nuevo.

SIGUIENDO LOS PASOS DEL ENTRENADOR

Por una cuestión del destino o mera casualidad, ambos chicos tienen la misma edad que en su momento tenía Matías Nardoni (su entrenador en UNLu) cuando se topó con la misma chance de llegar a un club grande. Una lesión en una de sus rodillas terminó por ponerle freno a la ascendente carrera del hoy en día instructor. Más allá de eso, tiene la palabra justa y medida para aconsejar a dos de sus dirigidos para seguir adelante y nunca bajar los brazos. Mientras que Matías Randazzo es oriundo del barrio Sarmiento, Fernando Silva tiene sus orígenes en La Loma. Ambos de 16 años, por la pasión al básquet coincidieron en un mismo rectángulo de juego. Al respecto, Randazzo mencionó: “Mi historia con el básquet se remonta a doce años atrás, cuando con 4 empecé a dar mis primeros pasos en las categorías Premini y Mini del Club Platense. Mis primeros entrenadores fueron Gladys Suárez y Alberto Capillas, pero cuando dejaron de participar en la Liga de Zárate-Campana, terminé recalando en UNLu con Matías Nardoni”. Con una altura de 1,80 metro, en su puesto de base dejó de ser una promesa en el básquet local para intentar llegar más lejos. Fue así que se presentó la chance de ir a probar suerte al Club Boca Juniors: “Lo de la prueba en el Xeneixe se dio por comentario de un amigo y enseguida decidí tras consultar con mi familia no dejar pasar esta chance más que importante para mí. Fuimos a La Bombonerita, al predio Alfredo Luis Conde, con nuestras expectativas. Nos tomaron los datos y tras un primer entrenamiento se produjo la primera depuración, a la que luego le siguieron dos más y en ambas también quedamos”.

Esto se dio durante el mes de noviembre de 2019 y la dupla lujanense se encontró con la noticia de que debían regresar en febrero para realizar la pretemporada en el equipo de Cadetes de Boca, aunque sin la confirmación de que iban a ser tenidos en cuenta. Tras los primeros entrenamientos oficiales recibieron la grata noticia. “El entrenador nos llamó a ambos a un costado de la cancha y nos dijo que quería contar con nosotros en su equipo, que arregláramos lo concerniente al pase desde UNLu a Boca. Fue como un empezar de nuevo porque desde ahí todo cambió y parecía un 2020 de ensueño. Pero llegó el coronavirus y todo cambió”.

Si bien la dupla no pudo debutar de manera oficial, lo hicieron en varios amistosos. “Al principio se notaba que éramos nuevos, no había casi nada de química entre los compañeros y nos costó adaptarnos en los partidos de pretemporada. Era más que nada una cuestión de conocimiento porque después de tres partidos fue como si hubiésemos jugado toda la vida. Estábamos listos para arrancar con el campeonato, pero llegó el virus. Nos cambió la rutina al entrenar desde casa vía zoom, fue algo muy distinto y nuevo para todos”.

La rutina de entrenamiento dispuesta por Boca incluía además un trabajo individual para cada uno de sus basquetbolistas, como así también yoga los viernes para relajar el trabajo de la semana, además del seguimiento por parte de un grupo de psicólogos deportivos y nutricionistas para no dejar al jugador solo en ningún momento. “El hecho de que Matías (Nardoni) haya jugado con mi misma edad en Boca nos sirvió como referencia y mucho de este presente se lo debemos a él. Haber debutado con edad de Cadetes en la Primera División de UNLu fue muy importante y nos dio una mayor experiencia. Desde que se enteró de la prueba en Boca, se puso a nuestra disposición y nos apoyó en todo momento”.

En cuanto a Fernando Silva hay que destacar que descubrió el básquet hace apenas un lustro, cuando con 11 años llegó a UNLu. “Al principio no sabía qué deporte realizar. Tenía que hacer alguna actividad física y no sabía cuál hasta que en UNLu encontré mi lugar en el deporte”. Su puesto en la cancha es de pivote y con 1,91 metros no pasa desapercibido.

“Tenía muchas expectativas para este año pero bueno, llegó el virus y todo cambió. Extraño muchos los entrenamientos y ese roce dentro de la cancha. Ahora hay que ver cómo sigue todo teniendo en cuenta que cambio de categoría por una cuestión de edad y habrá que ver qué sucede con Boca y sus necesidades en la Categoría Juvenil teniendo en cuenta que la prueba fue en Cadetes. Voy a intentar seguir en el Xeneixe y luchar por eso, caso contario volveré a estar con Nardoni y en el equipo en el cual esté entrenando porque me encanta cómo enseña y conduce al grupo”. Dos historias, una misma pasión, y un alto en el camino llamado coronavirus.

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