Durante una reunión el lunes en la Casa Rosada con Javier Milei y su Gabinete, el economista Alberto Ades presentó un documento en el que abordó uno de los temas más sensibles para el Gobierno: el nivel del tipo de cambio, la posibilidad de un dólar atrasado y las alternativas para enfrentarlo. Entre ellas, incluyó una devaluación, una palabra prohibida para el equipo económico desde el salto de diciembre de 2023.

El ministro de Economía, Luis Caputo, no estuvo presente en la exposición a puertas cerradas. Sí participaron Milei y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Ades, exejecutivo de Goldman Sachs con 30 años en Wall Street, resumió su diagnóstico en 35 diapositivas.
Según su análisis, la Argentina enfrenta un nuevo escenario global con energía cara, favorable para las exportaciones de petróleo y minería, tasas de interés altas y cadenas de suministro entre países aliados, donde el país puede ser proveedor estratégico de energía y minerales críticos. A partir de los casos de Corea, Israel y Chile, sostuvo que un peso caro no es necesariamente un problema: “Si la apreciación viene acompañada de productividad, es una buena señal; si no, tarde o temprano se corrige”.
Ades advirtió, sin embargo, que el tipo de cambio real está en niveles históricamente apreciados. “El peso está más caro que antes de la corrida de 2018”, señala una de sus filminas. Según su cálculo, el dólar está 29% por debajo del promedio de los últimos 23 años. La diferencia con 2017 es que entonces el atraso se financiaba con deuda externa, mientras que hoy lo sostiene el superávit energético. También señaló una paradoja: los dólares que ingresan por el RIGI aprecian todavía más el peso.
Frente a ese “dilema cambiario”, planteó tres alternativas. La primera, más superávit fiscal, que permitiría comprar dólares con pesos genuinos y es, según dijo, la única opción que deprecia el tipo de cambio real y acumula reservas a la vez, aunque exige más ajuste en un año electoral. La segunda, una devaluación, corrige el dólar de un golpe, pero sin menor gasto interno el salto se traslada a precios en pocos meses y deja un costo en credibilidad. La tercera, reformas de productividad, validaría un peso fuerte, pero requiere tiempo y capital político y no resuelve la transición.
“Una devaluación sin ajuste de la absorción mueve el precio pero no el equilibrio, y se licúa en inflación. Un superávit fiscal mayor reduce la absorción, deprecia el tipo de cambio real de equilibrio y permite comprar reservas con pesos genuinos”, concluyó el economista.
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